OLAS DEL COVID. El testimonio de una sanitaria

 

Hoy he dejado mi pluma y mi papel a alguien que quiere mantener su anonimato, pero con las ideas claras de sus miedos y hasta donde nace nuestra responsabilidad ante las sucesivas Olas del COVID. Este es su testimonio:Aislamiento

Soy sanitaria y llevo varios años trabajando en una residencia con personas que tienen discapacidad intelectual. Mis compañeros y yo vivimos el miedo, el distanciamiento social impuesto por nuestra propia responsabilidad incluso, antes de que se decretara. La paranoia de los primeros meses de la pandemia también se apodero de todos nosotros. Trabajamos con lo justo y muchas veces rozando la ciencia ficción, por no tener medios a nuestro alcance. Entre nosotros tuvimos residentes que se contagiaron y compañeros que también fueron alcanzados. No creíamos que lo lograríamos, hasta que las cifras bajaron, se impuso la vacunación. Y empezamos a ver “esa luz “en el túnel de que éramos capaces de salir.

Hoy con un panorama bastante critico en nuestra sanidad, me gustaría que entendierais algo que no se explica en los telediarios.

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No somos héroes. Somos personas que, como vosotros, sienten el miedo de un contagio. Porque nosotros sabemos lo que hay detrás de esos contagios. Y parece que no os importa a la mayoría.

 Los muertos que hemos dejado atrás. Son algo más que una estadística. Eran padres, madres, hijos de alguien. Que creían que ellos no caerían y allí están, para ellos no habrá una segunda oportunidad.

Entre nuestros residentes algunos han sido alcanzados por el COVID, al igual que algunos de mis compañeros. Unos están confinados en la residencia, pero algún caso está ingresado. Es más, su tratamiento pasa a depender de una sedación y tener que ir a la U.C.I. No es tan fácil que esta persona ocupe una cama, porque las U.C.I están llenas y antes la ocupara una persona joven o bien que no tengan enfermedades de base complicadas.

 Con vuestra irresponsabilidad, se está haciendo triaje para ver quien ocupa una cama y seguramente tendrá prioridad aquel joven que salió de botellón, antes que un tío, abuelo, hermano de alguien que no tenga criterios para ocupar ese espacio. No os equivoquéis no es culpa de los médicos, ni enfermeras que tengan que determinar quién se salva o quien no. Si hemos llegado a esto, es por la IRRESPONSABILIDAD de unos pocos que pagamos todos. Aunque duela (duele mucho) no podemos hacer nada más que cruzar los dedos, dejando que la suerte nos sonría alguna vez. Volvemos a estar en la pista de salida y con el miedo y la angustia, igual que si fuera una segunda piel incrustada a nuestros cuerpos.

El aislamiento recurrente de los residentes les afecta. Son personas que necesitan unas rutinas diarias, ver caras conocidas y con ellos también las familias. Ellos no entienden que detrás de esos EPIS y mascaras estamos nosotros, los que atendemos sus necesidades, los que los cuidamos…Para ellos somos extraños, no entienden que no pueden salir al jardín o que su familia no venga a verlo. Ellos se agitan y somos mas propensos a sentir en nuestros cuerpos su rabia e impotencia, con la peculiaridad de que los trajes se pueden romper….

EPIS, aislamiento

Llevar los EPIS durante nuestra jornada laboral, es agotador física y psicológicamente. Es una sauna que llevas puesta tus siete horas. Mas de un compañero a tenido una lipotimia. Cuando te los quitas o te la pones, debes hacerlo con unos pasos precisos y unos circuitos. Pero hay veces que hay urgencias, las cuales tienes que salir corriendo y allí vienen las dudas si has hecho el circuito correcto o te has saltado algún paso…

Los controles son frecuentes entre todos, aunque estemos vacunados no implica que no podamos caer en esas redes que lanza el COVID. Las vacaciones se han quedado en suspenso, y las sustituciones por los que estén enfermos, seremos nosotros mismos que las hagamos. Esto se traducirá en que nuestras jornadas de trabajo se alargaran. ¿Pero a quien le importa todo esto?

Yo tengo 26 años, también soy joven. Tengo amigos y familia, pero en la distancia. Los llamo, cuando no estoy tan cansada que, mis ojos se cierran por si solos al tocar la almohada. Ellos me trasladan las novedades o simplemente me hacen reír. Porque incluso este sentir se ha ido de nuestras vidas.

Muchas veces me abrazo a mi misma, por no olvidar lo que se siente al tener unos brazos de alguien a quien se quiere y no se puede tener en estos instantes.

Desde que ha empezado la quinta ola, me he mantenido al margen de mis amigos y familia. Mis padres son mayores y no puedo cargar en mi conciencia que, por mi culpa se hubieran contagiado. También tengo hermanos y sobrinos, los cuales desde que empezó la quinta ola no los he vuelto a ver. Durante un tiempo no tendré la complicidad directa con mis hermanos o simplemente tomar un refresco para que me puedan contar sus problemas o los míos. No seré parte de la vida de mis sobrinos, me perderé seguramente las primeras palabras de la más pequeña. No podre ir a la playa con el más mayor a montarnos historias de que somos piratas, hacer castillos de arena con nuestras manos, acariciar su cabeza y despeinarlo. Y decirle cuando le quiero

No podre consolar a mi amiga porque lo ha dejado con el novio, no podre celebrar los cumpleaños de los míos.

Yo también soy joven y me gustan las fiestas, pasármelo bien con mi gente. Ir de local en local y terminar en la playa. Yo se que ahora esto no puede ser. Y si yo no lo hago ¿Por qué lo haces tú?

Tu irresponsabilidad me aparta de los que quiero, porque a pesar de tener 26 años también quiero un mañana, quiero recuperar la vida que perdí por tu irresponsabilidad. No quiero levantarme todos los días pensando en si me abre contagiado o no. Quiero poder trabajar sin intermediarios de plásticos ni mascaras. Quiero abrir mi ventana al mundo, abrazar y besar a los que están en mi vida y ser parte de la suya por entero.

No quiero aplausos. Quiero responsabilidad de todos vosotros. Que entendáis que si vosotros no sois parte de algo o alguien, que os da igual contagiar o contagiaros. Hay una gran parte de nuestra comunidad, del mundo entero que si son parte de alguien, que quieren recuperar lo que se perdió o se quedó en suspensión por un momento mejor. Y sobre todo que entendieron que el COVID, no es cosa de unos pocos sino de muchos.

El COVID no entiende de edades, ni ideologías políticas ni religiones. Todos podemos ser alcanzados o devorados por él y por las olas que se sucederán. Todos estamos cansados, pero los que luchamos desde el principio y sobrevivimos, lo estamos mucho más. Somos castigados una y otra vez a recluirnos, a que muchos miren si mañana podrán abrir las barreras de sus negocios, a no saber si se podrá dar de comer a los suyos. Si, señores nos sentimos castigados por hacer las cosas bien desde un principio y aquellos que son irresponsables, son los recompensados.

Hace años que conozco a esta joven y aunque quiera mantener su anonimato por su trabajo o familia, no deja que pueda ser escuchada por todos nosotros.

Sus palabras vomitadas desde la impotencia, las lagrimas ahogando muchas veces su voz. Y, aun así, me siento igual que ella. Sin poder confortar sus verdades gritadas y sin poder darle un abrazo que tanto necesitaba. Aunque su entrevista fue telefónica, con solo cerrar los ojos podía sentir su dolor como el mío propio, su ausencia de su familia era la mía propia.

Gracias por compartir tus palabras, con todos nosotros. Espero que con ellas alguien cambie su irresponsabilidad por responsabilidad.

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