HISTORIA DE UN OLVIDO

Aun recuerdo cuando nuestras miradas se cruzaron, por un instante pude sentir como el tiempo se paraba y supe que jamás me separaría de ti.

Los primeros meses de aprendizaje fueron los más apasionantes, cualquier logro que llegué a hacer fue una batalla ganada aunque lo más importante fue que tú estuviste a mi lado. Nuestros largos paseos por las estaciones del año, hicieron que me convirtiera en algo más que un perro y un amo, pues yo no te veía como alguien superior, sino un compañero de fatigas, un compañero con el que aprender.

Recuerdo nuestro primer viaje al veterinario, estaba asustado, pero con tus palabras supiste calmar mí intranquilidad y aunque por el miedo hice un pipi justo en la bata del veterinario, no pasó nada. Fue el principio de una relación con ese extraño hombre, que me fue viendo crecer, cuidar en mis enfermedades, pesarme, tocarme…

Nuestros viajes buscando aventuras nuevas, buscando lugares donde mi hocico pudiera investigar y reconocer algún nuevo olor, nuestras acampadas en la montaña para cuando llegase la noche a la luz de la fogata, compartir la visión de una noche con la única compañía de la luna y las estrellas. Recuerdo que tú te tumbabas y yo a tu lado intentaba comprender el significado de aquellas extrañas palabras “Casiopea” “osa mayor” “Estrella polar”…

Recuerdo tus vueltas a casa después de un día de trabajo, reconocía el motor de tu coche solo al girar la esquina y sabía que volvías, entonces un torbellino de alegría se apoderaba de mi cuerpo, hacía que mi corazón palpitase más rápido, mi olfato se agudizaba… Hasta que abrías la puerta, esa sensación de saber que regresabas, de saber que estabas bien, hacia que olvidase lo solo que me había encontrado.

Recuerdo cuando por alguna enfermedad te quedabas en la cama, sin apenas moverte, mi cuerpo se envolvía de silencio cauteloso, mis pezuñas nunca delataban mi entrada en tu habitación, mi respiración era suave para que no enturbiase tu recuperación. Cualquier gimoteo que de tu boca salía, hacía que me levantase y te calmara, unas veces con mí hocico, otras con mi lengua que secaba tus lágrimas de dolor.

Mis años avanzaron a igual que los tuyos, tu más lentamente que yo. Mis pelos fueron cambiando por otro color, aunque no fue lo único que el tiempo me dejo,los juegos ya no formaban parte de tantas horas en mi vida y esas aventuras que solíamos hacer al ser yo más joven se fueron espaciando hasta que desaparecieron por completo, pero yo aún seguía esperando tu llegada al hogar y con la misma devoción que el primer día. Mi confianza contigo nunca se perdió ni mi amor por ti nunca se olvidó, creía que lo mismo te pasaría a ti, pero algo cambió, quizás algo que te incomodó, algo que hice yo…

Lo cierto es que un día subí por última vez al coche para no regresar a mi hogar, me dejaste con alguien extraño en un lugar donde se respiraba algo misterioso en el aire, tiempo después supe que era desesperación, tristeza, abandono y muerte.

Mi nuevo hogar se convirtió en una jaula donde espirar culpas ajenas, mi pecado fue quererte sin condiciones, cuidarte y protegerte.

A mí alrededor tengo otros como yo, que sin comprender nada esperan que esta ausencia sea algo pasajero. Cierto es que tú te has olvidado de mí y lo último que aprendí fue “el abandono”, se cierran esas puertas de este extraño lugar donde muchos de nosotros aullamos a la luna.

Entre los barrotes de mi jaula puedo colar mi hocico y mis ojos intentan contemplar las estrellas, esperando quizás que mis ojos te lleguen a ti y vengas a por mí.

Después de un tiempo entendí que no volverás, algunos días hay personas que nos sacan de nuestra prisión y nos volvemos a sentir perros, pues se dedican a pasear con nosotros, a jugar, a que nos sintamos queridos e intentan que tengamos una oportunidad.

Los que tenemos cierta edad somos propensos a que esa oportunidad se aleje de nosotros, he aprendido que las personas solo quieren la bolita de pelo, graciosa y que al pasar el tiempo vamos a parar aquí, nuestro destino es incierto pues algunos morimos sin haber conocido la libertad o una noche mientras dormimos no despertamos jamás, otros en cambio van al pasillo oscuro y frio del cual sabemos que jamás volverán.

Esta noche hace frío, no paro de temblar, es invierno y siento como mis débiles huesos se van cansando como todo mi cuerpo, mis ojos se van cerrando lentamente, un sueño profundo y misterioso se apodera de mí.

Ya no tengo ganas de luchar con las voces que oigo en mi cabeza, solo quiero descansar, encontrar paz y recordar mis tiempos mejores, que mi mente recorra esas excursiones, esos olores, sentirme querido una última vez …

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El final de este relato suele ser la muerte en la mayoría de los casos, en otros alguien se fija en ellos y vuelven a un hogar, esta segunda opción es la más escasa pero la más gratificante porque un abuelo puede volver a sentir el calor de un hogar en sus últimos años, meses o días.

Cada día se abandonan animales mayores en las perreras, donde no les espera un final feliz.

Si tu estas decidido a tener un animal contigo que sea para toda su vida, se consecuente porque estas tratando con seres vivos, los cuales tienen derechos que tu se los arrebatas cuando no te sirven más, o te cansas de ellos.

Los animales sufren y sienten. No los abandones.

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