Canera de Inca. La invisible para sus inquilinos

Hoy nos trasladamos a Canera de Inca. Donde las voluntarias me recibieron con una amplia sonrisa y una dosis de un trabajo muy bien realizado.

Es una perrera pequeña, en esos momentos había 10 perros. Cada uno de ellos con historias amarradas a sus cuellos, donde ellas poco a poco han ido quitando las sogas de miedos, torturas, abandonos. A cambio de cariño, paciencia. Se conocen al dedillo a todo inquilino de allí. Se preocupan de que todos tengan su rato de paseo y sobre todo que no sean invisibles. No son simples números de referencia. Allí todo el que entra es bautizado por una de las voluntarias. Es como darles una posesión y una identidad que carecían. Según como son el carácter ya saben que pronto tendrán dueño otros en cambio saben que los meses serán interminables.

Thor

Carin, es una de las voluntarias. Ella me traslada su impotencia de ver la cantidad de abandonos que hay. Y las pocas cosas que cambian en España. Ella viene de Suecia, donde el bienestar animal está integrado en la sociedad. Donde una mascota es parte de la familia y como tal tiene su lugar, su horario. Ya que más de unas determinadas horas no pueden estar solos. No termina de aceptar el término perrera, y veo en sus ojos como el sufrimiento de las vidas que hay detrás de unas rejas, le va calando hasta el fondo. Pero sigue yendo cada día esas horas para que tengan su dosis de calor humano y un buen paseo por los alrededores.

Tom

Con ella conozco a Tom, Mambo, Vicente, Harry, Trasto. Cuatro amores con caracteres completamente diferentes. Con necesidades distintas. Todos ellos llevan entre dos semanas y dos meses esperando salir de allí en busca de una oportunidad.

Veo como los ojos de los perros se iluminan al ver a Carin, como ella se comunica con ellos y la conexión que hay. Puede que ella no tenga la percepción de esa conexión y de tanto amor que da en tan poco tiempo. Veo en los paseos con Tom, mientras va contando su historia, como intenta dar explicación a su abandono. Tom fue una renuncia, las gallinas y ovejas no son sus amigos. Y eso puso un estigma sobre su cabeza que deja que pasen oportunidades una tras otra.

Carin con Xispa

“Necesita que alguien tenga un poco de paciencia, las jaulas es un estresante para ellos. El paseo que le podemos hacer solo es de media hora, porque si dedicamos a pasear mas tiempo. Otros se quedan sin salir. ¿Cómo te sentirías tu si tu vida trascurriera en una jaula de unos metros, y solo pudieras salir 30 minutos?”.

Trasto, es un bebote en grande

Las palabras de Carin, empieza a coger forma del temperamento nervioso que puedan tener los perros. Y de las pocas oportunidades que se les dan, por haber cometido unos errores. Unos errores que seguramente, fueron culpa de las personas por no darles una correcta educación y al primer tropiezo dejar al animal en una perrera. Pasar página para estas personas en fácil. El que paga las consecuencias es el animal.

La hora del regreso es lo peor

Tom se va relajando a medida que el paseo transcurre, es muy simpático y observador. Se acerca de vez en cuando a que lo acaricien, pero la necesidad de sentirse vivo y libre le puede más. Sabe que el recreo llega a su fin, y entra resignado a la entrada. Pedro, que es el trabajador de la perrera lo recibe con una sonrisa y una caricia. Por unos instantes mira hacia atrás. Pensando en la libertad que ha sentido, mientras es guiado a su jaula de nuevo. La cola deja de moverse. Se cierra la puerta detrás de él. Y nos mira con sus ojos fijos esperando el próximo recreo. “Esta es la parte más dura-me comenta Carin- Volver de regreso y ver sus caras de resignación”

Para unos Tito otros Vicente. Es uno de los recién llegados. Un perro mayor

Carin, vuelve a tomar las riendas de otro perro. Esta vez toca a un abuelo que nadie sabe mucho de él. Llegó hace unos días, como vagabundo. “Parece bien cuidado, puede que alguien lo esté buscando y no sepa que está aquí. Hay gente que no sabe muy bien donde buscar. El no tener chip dificultad en encontrar a sus dueños. Lo difundimos por si alguien lo conoce y pueden reunirse de nuevo”. El nuevo integrante se le nota el paso de los años por su cuerpo. Sus pasos son más lentos. Pero la mirada perdida, quizás buscando a alguien conocido, hace que Carin y yo nos miremos con ese sentimiento de tristeza. “Los abuelos son los que peor lo pasan, cada paseo es como darles la esperanza de que el que fue su amigo volverá a rescatarlo. Hay veces que se produce ese encuentro, pero hay veces que nunca sucede. Y ves como la mirada va cambiando hasta volverse triste y apagada”

Uno tras otro, van saliendo de esas casas con barrotes. Aunque suene extraño, para algunos ese espacio es lo mejor que han conocido. Y se aferran a ello, haciendo que la salida sea a base de trozos de salchicha. Ese fue el caso de Harry. Tenía tan poca autoestima, que no quería salir de un rincón de su “casa”. La fuerza de voluntad de ellas hizo posible el milagro de que un día saliera por la puerta. Fue una batalla ganada, ahora forma parte de los paseos diarios de las voluntarias y en especial de Carin. Que se tomó ese caso como personal.

Harry en una de las salidas

En una de las vueltas, veo a lo lejos a dos mujeres jóvenes. Son otras dos voluntarias. Una es Ana y la Otra Olga. Esta última con sus hijos. Me explica que sus extraescolares es estar en la perrera, donde pasean, conocen, miman a sus inquilinos. Olga me va explicando las necesidades que tiene ese espacio, y las promesas una tras otra de los políticos que rompen. Se necesita un espacio cerrado donde los perros puedan ir sin correa y con cierta seguridad. Algunas puertas están rotas y al abrirse tienen que ir con cuidado de que no caigan encima del operario o voluntario. El alambre está oxidado y necesita un cambio. Ella se reúne con los regidores de Inca, para exponer estas necesidades, pero de momento no han encontrado ninguna solución. Mientras van trabajando con lo que pueden. Difundiendo una y otra vez a sus habitantes. Me cuenta que cada día es más duro subir las fotos. Ver que nadie se interesa por un determinado perro, porque no es un cachorro o porque tiene más de dos años. Se ha planteado dejar de lado este voluntariado, pero no puede porque ellos, esos perros son seres vivos. Y se merecen una oportunidad. Mientras se rompe la cabeza intentando que sean más visibles. Una oportunidad seria que pudieran estar en eventos de búsqueda de hogar. Ya han asistido a uno. Gracias a la buena colaboración del Ayuntamiento de Inca y de Natura park se consiguió que dos perros desfilaran. En pocos días volverán a desfilar. No es fácil conseguir los permisos y sobre todo voluntarios que puedan trasladar a los perros. Pero el primer paso está dado y solo falta el que las facilidades por todos los lados sean dadas. Veo la implicación en cada caso que cuenta, en los pasados y en los que están allí.

Mientras hablaba con Olga. Ha entrado Ana con Asia. La sincronización de ellas dos deja el silencio en suspenso. Ver en cada gesto de Ana hacia esa perra, hace que tu propia respiración la puedas oír. Asia mira con devoción a esa voluntaria. Su gratitud está con cada lametón que le da, incluso se puede ver una sonrisa en esa pequeña.

Ana con Asia

Tranquilamente nos cuenta su historia porque la conoce a la perfección. Asia, antes Lucy, Tiene 4 años y medio. Entró en un hogar para que el otro perro no se sintiera solo y que le hiciera compañía en una habitación. Las caricias eran dadas con palos.  No salían de una habitación pequeña, no sabía sociabilizarse ni conocía la calle. El dueño se cansa de ella y la regala al primero que pasa. Sin importar dónde va a caer. Ella va pasando de manos en manos. Hasta que alguien la deja en la perrera. Ana la reconoció por una publicación y desde ese día, Ana no ha dejado de ir a verla, sacarla y esperar que alguien la adopte. Lleva casi 20 meses allí dentro. Es una perra con las temidas siglas encima “PPP”, y eso hace más difícil la salida.

Mambo

Fui con la intención de poder hacer una publicación de los habitantes de la Canera de Inca. Y aunque en el próximo articulo lo haga, quería dar ese merecido reconocimiento a ellas y a Pedro. Que los llegaréis a conocer, a las personas, pero también el trabajo realizado y por realizar que hacen. No son personas especiales. Son personas de a pie que dedican sus horas libres a devolver la esperanza a esos animales. A devolverles la autoestima, a confiar en el ser humano.

Tom

Cada uno a su manera hace que esa estancia sea un hogar para ellos. Pedro, aunque sea un trabajador, facilita mucho la labor de las voluntarias. Y el mismo se implica en los casos. Los conoce a todos, para el no son una referencia sino seres vivos con un derecho a vivir y que muchos no lo ven. Sabe que necesitan dulces palabras y movimientos suaves en alguno de ellos. A todos sin excepción los recibe con una sonrisa al regreso. Y aunque él no lo diga, se que el volver a poner el cerrojo a esas jaulas le cuesta mucho. Se alegra con ellas cuando uno dice adiós porque se ha reunido con su amigo perdido o porque se va a un hogar.

Carin, con Tom

Fue una tarde muy extensa de sentimientos en personas que no conocía, que me transmitieron su coraje, sus ganas de seguir luchando. De Carin aprendí que no podemos relajarnos, que si otros países lo consiguieron nosotros también podremos. Vi una mujer con una sonrisa en los labios y unas lagrimas ocultas al volver a dejarlos en la jaula. Ana, un sentimiento de culpabilidad sin tener culpa, una mujer valiente y extremadamente cariñosa con Asia. Y luchadora para que ningún animal tenga que sufrir lo que Asia a sufrido. Olga, voluntaria y madre que da lecciones de humanidad a sus hijos, haciendo entender a la nueva generación que los animales merecen nuestro respeto. Que sufre con cada caso que, aunque quiera dejar a veces de lado esta faceta, sabe que ellos, esos seres vivos necesitan de todos para llegar a más ojos y que salgan pronto de esa Canera.

Xispa

Todos ellos voluntarios de a pie, gente desconocida que hace posible que esa dedicación tenga sus recompensas en adopciones o en encuentros. Luchadores con el único propósito de ganar la batalla al abandono, y a la invisibilidad de muchos. Canera de Inca necesita voluntarios, necesita que los habitantes de ese recinto sean visibles, se necesita difusión y sobre todo Adopciones. Si tienes las tardes libres, pásate por el recinto, involúcrate en sus historias, en sus inquilinos. Ellos te lo agradecerán.

Os esperamos en el próximo articulo. Donde ya os avanzamos que serán los integrantes de Canera de Inca.

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